25

mayo

2016

Equivocarse ¿Un arte?

Dicen que las equivocaciones y las crisis son la manera que tiene la vida de enseñarnos a caminar por territorios que de otro modo nunca habríamos descubierto.

Con cierta regularidad decimos que hemos fracasado, cuando en realidad lo que hemos cometido son errores. El fracaso se suele utilizar para una persona que ya tiró la toalla y que no puede aprender. ¿Quién no ha cometido errores en su vida? Y no por eso la vida se vuelve miserable.

Todos hemos repetido un curso en el colegio o universidad, hemos tenido faltas grandes en el trabajo o nos hemos equivocado en decisiones personales. Los triunfadores no son los que nunca se equivocan, sino los que lo intentan, y si no sale como esperaban, aprovechan el error como herramienta de aprendizaje. Entonces se ponen a aplicar lo aprendido e intentan otra cosa. Lo que siempre ganan es experiencia. Ya lo decía la semana pasada en una entrevista José Mourinho: “Lo defino como el peor año de mi carrera, con los peores resultados. Pero lo veo como una fantástica experiencia”.

Qué importante la humildad para darte cuenta de los errores, enmendar el camino y descubrir nuevas oportunidades. “Si eres el más inteligente, te has equivocado de clase”, decía Marcos Urarte.

¿Por qué hay personas que ven oportunidades donde otros ven riesgos?, le pregunta un periodista a Gary Hamel, gurú del management. “No es que los emprendedores adivinen el futuro ni que sean más afortunados. Hemos comprobado que comparten ciertos hábitos a la hora de interpretar la realidad. Cuestionan lo que los demás consideran incuestionable”. Un caso español, Zara, se preguntó por qué la moda sólo podía renovarse dos veces al año: en primavera y otoño, y hoy la renuevan casi a diario.

Cuánta gente hay que nació con limitaciones y que lejos de fracasar ha triunfado en la vida. Gente admirable que supo pasar por alto las vallas, que supo madurar. Hellen Keller, por ejemplo, perdió sus sentidos, incluido el habla, a causa de una enfermedad. Gracias a su optimismo, a su tenacidad y a su deseo de superarse, llegó a ser una mujer que estudió en la universidad y dio conferencias por todo el mundo.

J.K. Rowling, autora de Harry Potter, vivió en la pobreza durante una larga temporada después de trabajar como profesora. Se encontraba sin trabajo, con una hija a cuestas y le costaba recolocarse, y a raíz de ello se le ocurrió escribir…

Edith Piaf tuvo una vida terrible. Abandonada por su madre y maltratada por su padre, vivió en un prostíbulo. Cantó en la calle, en las peores zonas de Montmartre en París… pero su voz llegó a ser el alma de esta ciudad.

Juan Pablo II se quedó de niño sin madre, que murió cuando tenía nueve años. Vivió el nazismo y el comunismo. Enseñó con su ejemplo que la fe y la razón pueden ir de la mano y fue la fuente de inspiración con una vida vivida de manera heroica.

Aprender de los errores, interiorizar el contexto, gestionar la adversidad, superarse, madurar en la vida es cuestión de carácter. El psiquiatra español Enrique Rojas, autor de más de veinte libros, decía sobre la madurez que para formar el carácter es necesario conocerse, dominarse, adaptarse y evolucionar a través del cambio. Ser realista y tener un proyecto, afrontar cualquier acontecimiento, responsabilizarnos de nuestros actos y no dar demasiada importancia a las cosas.

Sugería dejar a Peter Pan para los cuentos. Este síndrome lo sufren aquellas personas que no quieren convertirse en adultos, muy especialmente en sus relaciones con los demás, en lugar de ver el mundo que nos rodea de forma responsable y comprometida.

Hablaba también de romper nuestros límites mentales. Las barreras están en nuestra cabeza. Cuando nuestro pensamiento cambia, el mundo cambia con él y aumentan nuestras posibilidades. Por eso es importante analizar nuestras creencias y prejuicios. Hacer de cada obstáculo un peldaño. Cada adversidad nos obliga a superarnos. “Crécete ante las dificultades y te harás más fuerte”.

Y, por último, restar importancia a lo negativo. Podemos decidir el lado de la moneda sobre el que proyectamos nuestra mirada. Disfrutar de las cosas buenas que nos ocurren y relativizar lo negativo, que sólo debe servir como aprendizaje. Mientras más grande el problema, más grande la oportunidad y más impacto generará el cambio que realicemos.

El arte de equivocarse consiste en aprender de los errores y una vez hecha la tarea, cerrar puertas, único modo de que se abran otras, aprender a morir al ayer, única forma de inventar el futuro.

 

Autor: Rafael Zavala

Fuente original: http://goo.gl/Ef3PCH

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